(CNN Español) — Cien minutos de debate, cuatro bloques temáticos y dos minutos de oro para asegurar el encuentro. Básicamente es estructural, los observadores de los medios de comunicación de la corporación Atresmedia asistieron atentos al debate electoral que tuvo lugar este lunes con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el principal opositor Alberto Núñez Feijóo.

El encuentro generó mucha expectación en los días previos, no solo porque era la única oportunidad de conocer a los principales candidatos a la Presidencia del Gobierno de España durante la campaña electoral, sino porque se presentaba como la oportunidad perfecta para asegurar que los votantes conozcan un poco mejor las propuestas de cada uno para las elecciones generales del 23 de julio. De ninguna manera este objetivo pretendía despertar el tono bronco y resolver el debate.

En el primer bloque, donde el tema a tratar fue la economía del país, una de las frases más escuchadas fue “déjeme hablar”. Quizás, de las pocas audibles en muchos momentos del encuentro.

Núñez Feijóo, líder del centroderechista Partido Popular (PP), utilizó el caso hasta la saciedad para intentar abrir camino a sus argumentos ante un combativo Sánchez. “Somos los últimos crecimiento del PIB (per cápita en Europa)”, blandía Núñez Feijóo al mismo tiempo que Sánchez, secretaria general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), afirma que España está “liderando el crecimiento económico en Europa”.

Los candidatos a la Presidencia del Gobierno español, el actual presidente del PSOE, Pedro Sánchez, y el líder del derechista Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijoo (d), se dan la mano antes de participar en el debate. (Foto de PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP vía Getty Images)

Esta dinámica, que quedó clara en el diálogo, se repitió ampliamente de cara a cara televisada. Tal era la pasión de los candidatos en su cruzada por la verdad que los dos moderadores tuvieron que llamarlos al orden en varias ocasiones, incluso con relativo resultado. Dijo que persiguieron a los usuarios de algunas redes sociales, sobre todo en Twitter, y que intentaron criticar el formato y el papel del pueblo que debe liderar el espacio.

Y no solo eso, algunos de ellos también se han manifestado echar en falta la verificación de datos en tiempo real de los temas abordados por Sánchez y Núñez Feijóo. Básicamente porque los candidatos se acreditan entre sí y se rechazan los datos sin cotejar.

Por más desesperada que fuera, y tal y como está reflejando en los registros de campaña, los candidatos también tuvieron la oportunidad de temer pactos y tender la mano a quienes se habían aliado con los extremos para sus fines políticos. Por un lado, Sánchez volvió a plantear los acuerdos programáticos planteados en las últimas semanas por el PP con la formación de ultraderecha de Vox para gobernar algunas cámaras autonómicas; mientras que Núñez Feijóo lo hizo precisamente para dejar constancia de las aportaciones que el PSOE obtuvo de formaciones nacionales e independientes en el parlamento para aprobar distintas leyes en el largo plazo de esta legislatura.

Un antagonismo político que se da en todos los bloques, desde la política regional e internacional hasta las políticas sociales y de igualdad. Todo esto con acusaciones cruzadas de mentir a los espectadores.

Solo hubo un momento en el que se suspendió el impulso del debate: cuando el líder popular ofreció a su homólogo socialista firmar en directo y en directo un pacto para facilitar la investidura del partido político que resultó en las historietas. Tregua rápidamente solicitada por Sánchez, irritado porque el PP se ha puesto de acuerdo con Vox para gobernar la Comunidad de Extremadura, se trata de que el PSOE ganó las elecciones en la región.

Gastado el tiempo y con muchas propuestas sin florecer, llegó el momento definitivo, ilminuto de oro para cada candidato. 60 segundos de cierre que Sánchez intentó solicitar el voto de quienes no quieren ver aprobado el tribunal de derechos sociales en esta legislatura. Núñez Feijóo dedicó su tiempo ―y sin apuntar a la cámara correcta― a pedir la confianza de los electores para conseguir una mayoría que les permita gobernar solos, sin el apoyo de Vox, ya que “los extremos no saben gestionar ni gobernar”.